

MI OJO DERECHO
Es un problema, es una historia, es un recuerdo; mejor dicho, dos recuerdos relacionados entre sí por el problema en cuestión.
Hace muchos años, en mi época laboral, en una empresa muy importante cuya casa matriz estaba en Alemania, me encontraba desempeñando el cargo de jefe de sección en decoración de cerámica artística, percibiendo una remuneración suculenta y envidiable, dio comienzo esta historia, no muy grata por cierto.
Mi salud empezó a ocasionarme serios problemas, con imprevistos mareos llegando hasta el desmayo en ciertas ocasiones.
Consultaba médicos de diversas especialidades y los estudios no arrojaban indicios de enfermedad alguna . El cardiólogo, todo normal, El gastroenterólogo, los intestinos y el estómago perfectos . El neumonólogo, sin novedades en los bronquios y así, recorriendo todos los “ ólogos”,
traumatólogo, reumatólogo, hasta un psicólogo, sin lograr un diagnóstico que indicara mi mal, hasta que alguien me sugirió hacer una consulta al oculista y en los estudios que me realizaron y a pesar de que esto sucedió hace muchos años y la ciencia entonces, no contaba con los progresos que se fueron incrementando a través del tiempo, los precarios instrumentos de aquella época, dieron el resultado, que mi ojo derecho había sufrido una lesión de Mácula tridimensional que , en forma intermitente, transfiguraba mi visión, borroneándola por momentos y en ocasiones se convertía en una extraña y a la vez desconcertante movilidad que mostraba las letras en un inusitado movimiento cual si estuviesen bailando un ritmo musical en base a contorsiones y cabriolas, que, si no hubiese sido tan traumático, por momentos costaba contener la risa.
La empresa me consideró prescindible y tras otorgarme una indemnización, perdí mi empleo en una edad en que era prácticamente imposible conseguir otro, dada mi falencia visual.
Fueron vanos los intentos para lograr la reincorporación a mi empleo por lo que mi esposo y yo decidimos, instalar mi propio taller de Cerámica, cosa que pude realizar y llevar adelante con éxito, dados mis conocimientos y la experiencia lograda en tantos años de actividad.
Mis problemas visuales, con tratamientos adecuados y anteojos correctores,
dejaron de tener importancia y pude continuar exitosamente con mi taller, hasta lograr mi jubilación.
Siguieron pasando los años. Mi inquietud tomó otros rumbos y me encontré cumpliendo un sueño lejano y ansiado desde mi niñez, en el estoy inmersa con la enorme satisfacción de seguir haciendo algo que me satisface, pero afrontando de nuevo mi problema visual.
Nuevos estudios oftalmológicos comprueban que la lesión de mácula no disminuyó y la opacidad en mi visión se acentúa por la formación de cataratas en ambos ojos que, con una cirugía simple se solucionan, pero e ahí lo problemático de la cuestión, dado que en mi ojo izquierdo, no habría inconvenientes y la cirugía tendría un óptimo resultado, no así el derecho que no es operable por existir la lesión, e inevitablemente la visión seguiría su proceso de disminución hasta desaparecer por completo.
Eso me preocupó y tuve largas conversaciones con mi oculista indagando sobre las posibles causas de dicha lesión. Sus respuestas fueron preguntas (que nunca antes me hicieron) sobre si recordaba haber tenido alguna vez
en mi niñez o juventud algún accidente o traumatismo que pudiese haberla ocasionado.
Pensando , pensando… vino a mi mente un recuerdo de una travesura mía ,
cuando tenía 12 a 13 años y llegué a la conclusión que, casi con seguridad hubiese sido ese el motivo que ocasionó este lamentable problema actual después de transcurridos tantos años.
Es por eso que en el comienzo de mi post anticipo que es un problema y dos recuerdos relacionados a la cuestión.
Mi primer recuerdo es todo lo que hasta ahora os conté, y el otro, el mas antiguo es el que os voy a relatar
Ya todos sabéis que mi infancia y parte de mi juventud, transcurrió en el campo y yo, de santa , tenía muy poco.
Teníamos una jardinera ( se trataba de un carro pequeño con dos ruedas y tracción a sangre ) que se usaba para transportar lo cosechado y también para comercializarlo puerta a puerta en el pueblo.
Siempre envidié lo ágil que era mi hermano para subir y bajar de ese carro , aún estando en movimiento y en esa ocasión íbamos los dos en la jardinera, cuando se me ocurrió que si yo me bajaba de ella sin que mi hermano lo advirtiera, se llevaría una gran sorpresa y yo habría demostrado ser tanto o más ágil que él .
Fracaso total y absoluto, porque me arrojé por la parte trasera, cuando el mulo corría como el viento, azuzado sin parar por mi hermano. El resultado fue un aterrizaje tan violento que, estrellándome en el suelo, algún ángel protector debió socorrerme, porque perdí el conocimiento unos instantes y al recuperarlo, mi pobre cuerpo no podía mover un músculo y a duras penas pude incorporarme, comprobando que, gracias a Dios no había sufrido ninguna fractura de huesos
Caminé dificultosamente viendo que mi hermano venía hacia mí, pálido y asustado preguntándome que había pasado. Como ya estaba un poco más recuperada, lo que atiné a decirle es que perdí el equilibrio por los bruscos movimientos de la jardinera y me caí ¡¡Cualquier día le decía la verdad!!
Supongo y no creo estar equivocada, que fue ese episodio el causante del problema de mi ojo derecho.
Juliana Gómez Cordero