
Desde muy niña me gustó escribir y también dibujar. En realidad, no podría definir con exactitud cual de las dos vocaciones me atraía más.
Dibujar..., borroneaba papeles, tratando de copiar personajes de las revistas o diarios que caían en mis manos , creando algunos rostros de mi inventiva; me gustaba pintar pájaros que conocía y otros que no, con profusión de colores, tratando de presentar aves exóticas de alguna selva lejana en un país deconocido. Mi fantasía, cuando la echaba a volar, no tenía freno y traspasaba los límites de culquier ética. Mis hermanos, con ironías y desparpajo se burlaban diciendo que lo que yo pintaba eran mamarrachos incomprensibles.
Tambien mamá me reprendía porque(según ella) ponía mas pintura en mi ropa que en los dibujos- si podian llamárseles así,- terminando la cuestión en un terrible berrinche mío.
Debido a mi enojo, suspendía por un tiempo mis veleidades de "Arte Pictórico" y daba rienda suelta a mi "vena literaria". Cuando mis tareas escolares me lo permitían, mi otro yo volcaba en mis cuadernos su inspiración del momento, en alguna poesía, ensayos teatrales o simples relatos de lo que sucedía a mi alrededor,con un entusiasmo digno de haberlo tenido en cuenta, pero mis escritos... ¡quién sabe donde fueron a parar!
Cierto día tuve una gran satisfacción porque mi maestra de 5º leyó una obra de teatro de tres actos que yo había escrito, cuya temática trataba sobre el ahorro, inspirada en una reprimenda de mi padre a mi hermano, reprochándole lo "mano suelta que era con sus amigotes" .
Yo tenía una compañera amiga a quién le mostraba las cosas que escribía y en un descuido mío, ella le dió a leer a la maestra, esa sencilla obra de teatro que mencioné. Al parecer a la maestra le agradó y con algnas modificaciones y mi autorización la presentó con un grupo de alumnos, en una de las fiestas escolares que se hacían de vez en cuando.
El público, familiares y amigos del alumnado, aplaudió (quizás exageradamente) cuando al finalizar la obra la maestra dijo el nombre de los improvisados actores y de quien era su autoría.
Fue el primer aplauso que recibí. Pero esa obra también se perdió en el tiempo o la devoró el olvido, como tantos borradores inconclusos, poesias , algunas completas y otras a medio hacer, con la inseguridad de no saber si tenían o no, algún valor como para seguir intentándolo.
Un dia mi maestra me preguntó ¿No volviste a escribir? y le respondí. Me gusta escibir poesias pero quisiera estar segura de hacerlo bien. ¿Usted no podria darme alguna indicación que me ayudara?
Me llevó a su casa y me explicó el significado de la "poesía". Que cada renglón era un verso y el conjunto de versos formaban una estrofa: también me explicó en que consistía la métrica, la rima y las consonantes.
Me pareció un poco engorroso y no tenía ganas de complicarme la vida por lo cual volví a borronear papeles con mis creatividades artísticas, sin haberme decidido aún por ninguna de las dos vocaciones.
¿Sabeis quién desató el nudo de tan intrincada madeja? con inteligencia pero mucho mas de astucia, mi padre encontró la solución al problema.
Hija -me dijo muy seriamente-no sigas con esa tortura que te mortifica a tí y nos tiene en vilo a todos nosotros. Yo me quedo quieto un momento y tu me haces un retrato a lapiz (un croquis) si me sacas parecido, estudias dibujo y si no, pues estudias eso que tu llamas filosofía o letras o lenguas o como tu quieras nombrarlo; pues manos a la obra.
A mi me gustó la idea y ahí, en la mesa de la cocina para no perder tiempo hice unos trazos rápidos por que mi padre tenia que seguir trabajando.
Cuando lo creí conveniente le dije ¡YA ESTÁ! y le mostré mi dibujo ¿bueno? ¿malo? Dios lo sabrá, porque yo no lo recuerdo.
Pero lo que sí recuerdo fue la expresión de asombro de su rostro y sus palabras: ¡No puede ser! pero si se parece a mí, más que yo mismo!!! te ganaste el derecho a estudiar dibujo y pintura, porque tienes sobradas condiciones para ello.
En ese momento quedó sellado mi destino de ser Profesora de Dibujo, Pintura y Artes
Aplicadas, Egresada de la Universidad Nacional de Tucumán.
Habiendo cumlido ya mis 13 años ¡por fin tenía resuelta la dualidad de mi vocación! puesto que el siguiente año escolar primario sería el último y debía tomar la decisiòn de optar por una de las dos. Gracias a Dios y por la oportuna intervención de mi padre lo había logrado.
Pasó no mucho tiempo para comprender que fué una ocurrente treta, en la que caí ingenua e inocente pero que sirvió para encaminar mis inseguros pasos y a su vez tranquilizar a mi familia
a quienes, con seguridad, tendría un poco cansados con mis cabilaciones y rezongos.
Juliana Gómez Cordero