
Las llagas invisibles de la ofensa
duelen mas que el artero latigazo
Mucho más duele a veces un portazo
que tener que recurrir a la defensa.
Cuando el agresor tiene en su poder
una piedra un garrote o un puñal ,
quizás no infiera una herida tan mortal
como aquel que menosprecia tu quehacer.
Es tan duro y tan hiriente el menosprecio
un insulto tan mordaz la indiferencia
y una herida dolorosa es el desprecio.
las palabras agraviantes a conciencia
son el arma preferida de los necios.
que pregonan, paso a paso, su impotencia.